Le estoy prendiendo fuego a mi alma
como para intentar recordar
aquel fatídico momento
en el que al contacto de tu dedo en mi piel
me incendiaste por primera vez,
haciéndome estallar
en un millón de partículas ígneas
que a medida que se apagan
se esparcían llenando el ambiente
del sentimiento que las originó:
un amor ardiente
que ni la lluvia de 500 inviernos
podría jamás apagar.
Pero como todo fuego
acabé consumiéndome
(acabaste consumiéndome).
Curioso que mi último acto antes de verme
completamente reducido a ceniza
fue crepitar justo antes de apagarme
un doloroso”te quiero"
intentando inútilmente
que se grabase a fuego en tu corazón.
Y ahora que te has ido
¿quién quiere ser Ave Fénix
si no hay ya motivos para resucitar?
Tan solo me queda
pudrirme en la estantería de tu mente
y acumular sobre mí el polvo
con el que un día me mezclaré,
y cuando hagas limpieza de tus recuerdos
me tires a la basura sin pensarlo dos veces.
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