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sábado, 3 de enero de 2015

No me gusta jugar con el tiempo.
No hay nada más peligroso
que manipular los recuerdos
y difuminarlos intencionadamente
intentando que se pierdan
en la carretera del pasado
sobre la cual nunca volveré a rodar.

Trato de mantenerme ocupado,
haciendo ese montón de cosas
que antes hubiera hecho por ti,
y distraido de todo
puedo arriesgarme a sonreir sin miedo.

Porque precisamente en las horas muertas,
cuando mi cabeza se puede permitir no pensar,
es entonces cuando vuelves
a pasar por mi mente doliendo,
inundando todos los espacios vacíos
y los rincones oscuros.

Pero cuando antes los hubieras llenado
de esa luz que te caracterizaba
y que te rodeaba allí donde fueses,
ahora sólo los haces más grises,
y me da miedo.

No puedo hacerlo más,
no puedo seguir así,
adentrándome en tus tinieblas,
rescatándote a cambio de trozos de mí
que nunca recuperaré.

Y qué miedo me entra
cuando fantaseas con un infinito.
No, no juegues con el infinito,
no conviene hacer eso.

1 comentario:

  1. te sigo desde argentina, me atrapa todo lo que escribes. Realmente te felicito.

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