Entradas populares

lunes, 15 de diciembre de 2014

Sigue adelante

Aquí lo tenéis recitado por la magnífica Clara I.  https://www.youtube.com/watch?v=kdt5iCBEV0g


Mira ¡allí! ¿Lo ves? ¿No? Pues yo tampoco. No veo a tu corazón, el pobre, levantándose del golpe, sacudiéndose el polvo del suelo y empezando a caminar con la cabeza bien alta. No veo a tus ojos, secos de una maldita vez, levantando la mirada como queriendo empezar nuevos caminos. Espero que el orgullo te sirva de algo por una vez y te saque por fin a flote, porque yo ya no sé qué hacer para impedir que sigas ahogándote en ese mar de dudas que es tu cama cuando intentas dormir y parece que recuerdas uno a uno todos los errores que has cometido durante el día; durante esos minutos en los que te atormentas pensando que tú tienes la culpa de todo y que, el mayor problema en tu vida, eres tú. 


Tú, que gritas <<hija de puta>> en la cara de la distancia, y estás rota de luchar contra la soledad y el tiempo sin nadie a tu lado.
Tú, que no pasas una noche sin acordarte de cómo era estar en sus brazos, o de lo gilipollas que eres por no estar a la altura en esa vida tan perfecta que te han dado.
Tú, que eres capaz de mirar a los ojos a cualquiera y no asutarte de lo que encuentras, sino convertirlo todo en paz y poder tranquilizar al corazón más desordenado.
Tú, que estás harta de intentarlo, y de esperar que por una vez sea ya la definitiva, y poder comprobar que las personas en quien confías no te acaban fallando siempre o simplemente desapareciendo, arrastrando tantos recuerdos que te da la sensación de quedarte vacía.
Tú, que te has acostumbrado a las noches sin dormir por algún cabrón, o por remordimientos pensando que eres tú la cabrona, o porque lo que un día era capaz de sostenerte en las nubes de repente se derrumba y tú te caes con él, haciéndote más daño, porque te usa para frenar su caída.
Tú, que pasas de beber para olvidar, porque él bebía contigo y no te compensa correr el riesgo de recordar, y además no habría nadie que te dejase en tu casa borracha al cerrar el bar, o que se despertase contigo y te hiciese dudar de si su presencia era causa de la resaca o del destino si es que eso exite.
Tú, que has decidido hace tiempo dejar de soñar, porque cada vez que te atreves a hacerlo, te despiertan con otro golpe, y ya se acumulan demasiados sobre tu pequeña armadura, que está a punto de ceder de forma definitiva.
Tú, que temes volverte cuerda tranquilamente y empezar a hacer las cosas como se supone que están bien, a no cagarla y pararte a pensar antes de hablar, o no ser esa chica fría a la que le cuesta mundos ser cariñosa. 
Tú, que temes dejar de ser tan intermitente pero tan expontánea, o no extrañar de repente a alguien y sentir que lo necesitas contigo como si el tiempo te estuviese envenenando y fuese tu antídoto. 
Tú, que temes dar explicaciones de todo lo que haces, o saber que tienes un motivo para todo ello, o caer en la repetición de la rutina y verte atrapada.
Tú que temes dejar de caminar por la calle y recordar tiempos mejores, o dejar de imaginarte la vida a tu manera. 
Tú, que en definitiva, temes destruír lo que eres hoy y dejar de ser tú misma.



Tú. Tú eres increíble, y no sé cómo puedes ser tan grande siendo tan pequeña. Y es normal que caigas algunas veces y sientas que no podrás levantarte más. Pero pon la mano aquí: ¿notas los raspones de mis rodillas? Pues son porque le pongo buena cara a los problemas, y me tropiezo una, y otra, y otra vez. Pero si ves que aquí sigo es porque nunca he dejado de intentarlo. Así que niña, levanta la cabeza, cálzate esos tacones que te hacen ir tan alto como alto vuelan tus pensamientos caminando por la calle, vuelve a pintarte esos ojos que una vez fueron dos armas verdes que derretían por donde pasaban, y sigue caminando.


No hay comentarios:

Publicar un comentario