Me gustaría
hacer poesía sobre tu piel
(y no me refiero sólo
a hablar de ella en mis versos).
Abrir tu cuerpo a oscuras
y leerlo en braille
con la yema de mis dedos,
y que mis manos no tiemblen más,
porque en tu calor nunca hace frío,
o porque el mundo no me da miedo contigo.
Explorar tu ser
como si fuese un mapa en relieve,
dominar cada curva
y coronar todas tus cimas,
para terminar perdiéndome
en una de sus grutas
que llevan a las profundidades
de nosequé misterio celestial.
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