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martes, 21 de octubre de 2014

Hay un extraño tren
en los finales
que conduce a una estación
llamada soledad.

Es un paisaje
en el interior de nosotros
donde nunca se pone la noche
y la luz del sol
tan solo es un mito más,
como el de la felicidad 
y esas fantasías imposibles.

Pero jamás está vacía,
y quizás ese sea el verdadero problema:
encontrarnos con nuestros miedos,
nuestros fantasmas y nuestro pasado.
Quizás, nuestro mayor temor
sea encontrarnos con nosotros mismos.

Todo toma sentido
cuando lees los informes, 
y haciendo balance de los errores,
te das cuenta de que 
todos los fracasos han venido
cuando todo lo que quedaba por decir
era más y más importante
que todo lo que se decía.

Quizás la solución hubiera sido
no querernos tan largo,
sino intenso, 
que quemase, nos destruyese,
pero nos hiciese darnos cuenta 
de que nos necesitábamos
para curarnos con la saliva del otro.

Nos cuesta demasiado aprender
que uno no es de donde nace,
sino de donde quiere morir;
y por eso es tan complicado
encontrar el hogar.

Y a pesar de todo,
cuando te vi supe que lo había encontrado:
me abrigaba en tu piel y jamás volví a temblar,
porque en tu calor ya nunca hace frío,
y a tu lado, el mundo ya no me daba miedo.

Contigo no existían máscaras, ni armaduras:
podía mostrarme tan indefenso como en verdad era,
porque tú eras toda la protección que necesitaba.

Pero tenemos un miedo irracional
a la dependencia de otra persona
que aún no comprendo;
y existe una fuerte tendencia
a abandonar el hogar
y luego echarla de menos.

Casi como si necesitásemos
salir corriendo por correr,
huir de nada y a ninguna parte;
y al final darnos cuenta
de en qué brazos estábamos mejor
cuando ya es demasiado tarde.

Por eso, si un día de estos,
vuelve a amanecer por fin
y me sorprende con otra mujer,
no será porque ya no te quiera
ni te necesite como el aire;
será tan solo
por esa forma tan egoísta
de usar a las demás mujeres
para que me llenen los vacíos
que sólo tú podrías,
y me curen tu ausencia,
aunque sólo consigan 
que te extrañe más aún.

Todas las no-tú
traen dentro de la misma soledad
en la que no estás.
Y te lo he dicho antes:
tengo   Mucho    Miedo.

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