nadie puede entenderlo ni descifrarlo;
Ante tu magnificencia aparece una vergüenza invisible
que bloquea las lenguas que intentan pronunciarlo.
Tu mirada, un hechizo que primero hiere y después cura,
un velo que cubre un túnel a lo más profundo,
el mayor monumento a la locura,
la octava maravilla de este mundo.
Tu cuerpo es como el sol de enero.
Un poema genuino y pasional
que innaugura y cierra un nuevo género:
El de las diosas venidas a este mundo
para enamorar a cualquier simple mortal
y salvar de la muerte a cualquier moribundo.
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