Su cuerpo era un campo plagado de minas, y yo iba sufriendo mutilaciones según avanzaba por él. Pero si su boca decía "ven", no había otra opción que ir. Y a mí no me importaba nada. Si la cruzaseis un día por la calle comprenderíais por qué. El caso es que te atrapaba. Pero era como la mejor celda para estar recluído. Quiero decir que sus métodos de tortura y la forma de curarte detrás hacían que no quisieses marcharte nunca de ahí. Te soltaba una bofetada y al segundo se daba la vuelta y te enseñaba su espalda descubierta. ¿Y entonces cómo pretendais que resista laa ganas de seguir el caminito de baldosas que son las pecas de su torso hasta su cuello? Y te dejas llevar. Y el pedal del freno empieza a sobrar. Y acabas perdido en el medio de un oceáno desconocido, en el que el único horizonte son unos labios. Y entonces te preguntas si se puede sonreír más bonito. Y te das cuenta de que da exactamente igual, que no necesitas saberlo. Que tienes delante todo lo que quieres, y que es también todo lo que necesitas. Decidme ahora qué entendeis vosotros por ser felices.
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