Me recomiendan que me olvide de ti. Pero no sé cómo pretenden que me olvide de algo que es parte de mí. Quieren jugar a hacer cirugía con mi vida, pero yo no estoy tan seguro. Un poco irónico que para poder seguir viviendo tengan que estirparme el corazón. Un corazón que padece cáncer galopante de tus recuerdos, eso sí. Pero es mi corazón, aunque en parte sea también tuyo. Y son tus recuerdos, que por desgracia también son míos ahora. Me acuerdo de los movimientos exactos de tus labios durante el único acto de nobleza que tuviste conmigo. Intentando ser sincera, me dijiste: "Mírame a los ojos, no querrás volverlo a hacer". Pero no funcionó. La verdad es que sí que lo quise volver a hacer. Me enamoré. Me enamoré de tus tinieblas y toda tu mierda acumulada. Estaba dispuesto a emborracharme con todas esas lágrimas que ya no te quedaban. Y a hacer girones mi piel para que pudieses usarla como vendas para tus heridas. Dispuesto a darte las llaves de mi vida y que hicieses de ella tu casa. Respirabas el aire de mis pulmones siempre que querías. Robabas la comida de mi boca, y yo te dejaba. No me importaba que mis pulseras ahora fuesen grilletes que me encadenaban a tú sonrisa. Pero lo malo de las ruinas es, que por muy maquilladas que vayan, siempre serán eso, ruinas. Y tienden a atraparte. Y el final es siempre el mismo: te destruyen. Es por eso que hay quien dice que a veces las personas son como agujeros negros.
Y ya no sé qué hacer. Estoy perdido, totalmente desorientado. Igual que una brújula se vuelve loca cuando llega al polo norte. Necesito encontrarme de una maldita vez. Necesito volver a casa, aunque esté vacía. Espero que se cumpla conmigo eso de "lights will guide you home". Porque sinceramente, ahora que te has ido, yo ya no tengo ni puta idea de donde está.
No hay comentarios:
Publicar un comentario