Tú, que gritas <<hija de puta>> en la cara de la distancia, y estás rota de luchar contra la soledad y el tiempo sin nadie.
Tú, que no pasas una noche sin acordarte de cómo era estar en sus brazos, o de lo gilipollas que eres por ser tan mierdas en esa vida tan perfecta que te han dado.
Tú, que eres capaz de mirar a los ojos a cualquiera y no asutarte de lo que encuentras, sino convertirlo todo en paz y poder tranquilizar al corazón más desordenado.
Tú, que estás harta de intentarlo, y de esperar que por una vez sea ya la definitiva, y poder comprobar que las personas en quien confías no te acaban fallando siempre o simplemente desapareciendo, arrastrando tantos recuerdos que te da la sensación de quedarte vacía.
Tú, que te has acostumbrado a las noches sin dormir por algún cabrón, o por remordimientos pensando que eres tú la cabrona, o porque lo que un día era capaz de sostenerte en las nubes de repente se derrumba y tú te caes con él, haciéndote más daño, porque te usa para frenar su caída.
Tú, que pasas de beber para olvidar, porque él bebía contigo y no te compensa correr el riesgo de recordar, y además no habría nadie que te dejase en tu casa borracha al cerrar el bar, o que se despertase contigo y te hiciese dudar de si su presencia era causa de la resaca o del destino si es que eso exite.
Tú, que no pasas una noche sin acordarte de cómo era estar en sus brazos, o de lo gilipollas que eres por ser tan mierdas en esa vida tan perfecta que te han dado.
Tú, que eres capaz de mirar a los ojos a cualquiera y no asutarte de lo que encuentras, sino convertirlo todo en paz y poder tranquilizar al corazón más desordenado.
Tú, que estás harta de intentarlo, y de esperar que por una vez sea ya la definitiva, y poder comprobar que las personas en quien confías no te acaban fallando siempre o simplemente desapareciendo, arrastrando tantos recuerdos que te da la sensación de quedarte vacía.
Tú, que te has acostumbrado a las noches sin dormir por algún cabrón, o por remordimientos pensando que eres tú la cabrona, o porque lo que un día era capaz de sostenerte en las nubes de repente se derrumba y tú te caes con él, haciéndote más daño, porque te usa para frenar su caída.
Tú, que pasas de beber para olvidar, porque él bebía contigo y no te compensa correr el riesgo de recordar, y además no habría nadie que te dejase en tu casa borracha al cerrar el bar, o que se despertase contigo y te hiciese dudar de si su presencia era causa de la resaca o del destino si es que eso exite.
Tú, que has decidido hace tiempo dejar de soñar, porque cada vez que te atreves a hacerlo, te despiertan con otro golpe, y ya se acumulan demasiados sobre tu pequeña armadura, que está a punto de ceder de forma definitiva.
Tú, que temes volverte cuerda tranquilamente y empezar a hacer las cosas como se supone que están bien, a no cagarla y pararte a pensar antes de hablar, o no ser esa chica fría a la que le cuesta mundos ser cariñosa. Tú, que temes dejar de ser tan intermitente pero tan expontánea, o no extrañar de repente a alguien y sentir que lo necesitas contigo como si el tiempo te estuviese envenenando y fuese tu antídoto. Tú, que temes dar explicaciones de todo lo que haces, o saber que tienes un motivo para todo lo que haces, o caer en la repetición de de repetir lo que haces.
Tú que temes dejar de caminar por la calle y recordar tiempos mejores, o dejar de imaginarte la vida a tu manera. Tú, que en definitiva, temes destruír lo que eres hoy y dejar de ser tú misma.
Tú, eres increíble, no sé como puedes ser tan grande siendo tan pequeña. Sal ahí a comerte el mundo, que merece la pena. Y no escuches las voces que dicen que deberías rendirte. Las metas están para cumplirse. Y yo sé que tú puedes.
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