¿Te soy sincero? Yo ya no sé qué hacer con eso que todo el mundo llama amor, y que parece jugar a esconderse detrás de una falda, y cuando llego y estoy a puntito de agarrarlo, casi como que lo puedo tocar con la punta de los dedos, desaparece como si nunca hubiese estado ahí, y me quedo mirando con cara de tonto, sin saber qué hacer.
A lo mejor nunca encontraré al amor, porque creo que me odia. Sí, un tanto irónico, lo sé, pero esque yo llegué tarde al colegio, que es esta puta vida que me asfixia, el día en que explicaban que lo contrario al amor es la indiferencia y no el odio. Y cuánto he perdido por no saber eso.
O simplemente lo que pasa es que le tengo tanta envidia al amor y a los que siempre han sabido enamorarse que nunca podré llegar hasta él, por mucho que me cueste aceptarlo.
Quizás el problema sea que en las noches de tormenta, en vez de tener miedo a los truenos, lo único que me atormenta sea pensar que tú estás ahí fuera, y no aquí conmigo para quitarme la cobardía de un bocado.
Puede que lo que falle sean mis sueños, o mis pesadillas en las que no sueño con más que tenerte para mí, y me consumo como el pitillo que me fumo mientras te espero, porque te espero sin ser capaz de salir a buscarte.
A lo mejor es que he entendido muy tarde que el perdón jamás podrá cambiar el pasado, pero sí es la mejor forma de construír un presente mejor.
O puede que todo sea culpa de no saber qué forma de echar de menos es más jodida. Si extrañar a alguien que en realidad no se preocupa por ti, o la impotencia que entra cuando sabes que la persona que está al otro lado tiene las mismas ganas que tú de eliminar los kilómetros de por medio. O echar de menos a la persona que estás abrazando, porque ya no es la misma, no sé si me entendeis. Pero a lo mejor es que echar de menos es una putada tan grande que no tiene grado.
Pero eh, que yo no me rindo así de fácil. Ya he tropezado por suficientes personas que no dejaban de ser precipicios por los que era un placer caerse como para dejarlo todo ahora. Sigo esperando a que alguien, pero no alguien cualquiera, me susurre al oído <<Yo sé que tú puedes>>. Cinco palabras que me pueden servir para cinco meses de impulso, o 50 tiritas para 50 heridas que hacerme en el corazón.
Así que lléname otra copa y acábatela conmigo, amigo, que hoy brindamos por los sueños rotos que no fueron capaces de romper al soñador.
No hay comentarios:
Publicar un comentario