Es verdad que el mundo sigue girando después de todo, pero lo sigue haciendo en círculos en derredor de tí, con un radio de 591 km que paracen imposibles de flanquear. Y es que joder, cada vez que te imagino a mi lado y pienso en decirte que te echo de menos, cada uno de ellos se me clava como un cuchillo entre las sílabas y acabo siempre callando. Y no me gusta callar, me parece sinónimo de rendirse.
El mundo sigue girando, y yo también lo sigo haciendo, pero en círculos en derredor de ti. Quizás porque tú seas lo más parecido a un sol que he tenido jamás para que alumbrase mi vida. Pero quizás también sea precisamente por eso que tengo tanto miedo de llegar a ti, porque sé que tarde o temprano me quemarías y no me dejarías en más que cenizas que necesitarán curarse las heridas ellas solitas.
El mundo sigue girando, y yo también lo sigo haciendo, pero en círculos en derredor de ti. Quizás porque este amor que llevo tanto tiempo sintiendo por ti sin saberlo se ha convertido en el eje de mi vida, y me jode admitir que puede que ahora mismo no haya nada más que le de sentido a mis días que eso, y me da demasiado miedo perderlo.
El mundo sigue girando, y yo también lo sigo haciendo, pero en cículos en derredor de ti. Lo que me jode es que tú sigas tan inmóvil ahí en el centro, sin moverte un solo paso. Como si no quisieses irte para que sea yo quien tire la toalla primero, pero sin acercarte lo suficiente como para que pueda convencerte de que te quedes. Y sí, me estoy empezando a volver un poco loco de dar vueltas para no llegar nunca a nada, a nadie.
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