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jueves, 20 de marzo de 2014

Sigo creyendo en los cuentos de hadas.

Sigo creyendo en los cuentos de hadas. Mira mi amigo Alex, y su pequeña Inés, por ejemplo. No te imaginas cómo se le iluminan los ojos cuando habla de ella.
Sigo creyendo en que las princesas sí existen en el mundo real, aunque lo que traigan de cristal sea el corazón y no los zapatos.
Sigo creyendo en el poder que tienen los cafés de la mañana para unir a las personas que se piensan a kilómetros sin saberlo, o jodiéndose porque lo saben y no pueden hacer nada por arreglarlo.
Sigo creyendo en la facilidad que tienen los "te quiero" para curar heridas que están mucho más profundo que la piel y que ya hemos aceptado como parte de nosotros porque pensamos que no van a cicatrizar jamás.
Sigo creyendo en la capacidad de los "te echo de menos" para matar, si no te extrañan de vuelta; o para dar motivos suficientes para vivir, cuando sabes que están poniendo las mismas ganas que tú por liarse los kilómetros y fumárselos sin filtro.
Sigo creyendo en que teletransportarse es posible, cuando abrazas y sabes que te abrazan, y en mitad de eso sonríes, porque sabes que durante unos segundos el mundo ya no existe, o existe otro totalmente diferente del que ya nunca quisieras salir.
Sigo creyendo que no se necesita un telescopio para poder ver la más bella de las galaxias, sino unas sábanas nuevas y tu espalda descubierta, mostrando esa cárcel que se llama tus lunares, en la que estoy encerrado por propia voluntad.
Sigo creyendo que no existe mejor calor que el que se dan dos cuerpos girando sobre el mismo eje; dos respiraciones  perfectamente acompasadas; dos manos sujetándose con fuerza, como si soltarse implicase caer por un precipicio eterno; dos labios, besándose de una sola vez todo lo que habían callado durante tanto tiempo.
Sigo creyendo que se puede volar de amor, porque hay alguien que me sigue dando alas. Por favor, no me faltes.

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