Quería decir que tengo envidia de tu almohada, porque apoyas tu cabeza en ella cada vez que no puedes más. Que tengo envidia de tu manta, que te abraza cada vez que tienes frío. Y envidia de tus sábanas, que pueden compartir contigo cada noche. Tengo envidia del sol, que es el único que puede visitarte a diario, y de la luna, porque encima tú la miras embobada, con esos ojos que me gustaría que fuesen para mí. Que me gustaría tener la suerte de verte cada día desde que te despiertas hasta que te duermes, como tu espejo, y poder sustituir a tu despertador para darte los buenos días en persona. Que ojalá pudiese disfrutar de tus labios tan a menudo como lo hace esa barra de tu rosa favorito. Que daría todo por poder recorrer tu cuerpo como hace el agua de tu ducha, o tener la facilidad para acariciarte la espalda de las puntas de tu pelo. Que estoy celoso de todos esos abriles que me has robado sin quererlo, porque son tan tuyos ya como quisiera serlo yo. Pero oye, que este no hace falta que me lo arranques. Este abril te lo regalo yo, si me abres la puerta y me dejas entrar con él.
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