Ya 16 añitos,
y la única vez
que me he sentido el rey del mundo,
fue entre sus brazos.
Ya he asumido la idea
de que esta vez
no tendré esa felicitación
que me hubiera dado
el cumpleaños más feliz de mi vida.
Ella prefiere escribirle
a otro hombre,
quizás mejor, y más conveniente,
pero que no la necesita tanto como yo,
y ni se puede acercar a lo que yo la quiero.
Pero lo celebraré igual.
Con los amigos de siempre,
sin contar los que se van cayendo por el camino,
entre partidos de fútbol
y tragos a rubias con grados,
que no besan igual que tú,
pero ayudan a olvidarte.
Porque no pienso dejar
que todos estos daños
pesen nunca más que los años.
Pero aún así,
igual que todo cambia,
que yo cambie, no es extraño.
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